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Proteger medio planeta, una propuesta para salvar la biodiversidad

La idea de Edward O. Wilson que está revolucionando el mundo científico

Autor: Redacción Re_Magazine - Tiempo de lectura: 4 min.

Hace apenas dos años, un entomólogo y biólogo estadounidense, de nombre Edward Osborne Wilson, lanzó una propuesta cuanto menos llamativa para salvar la biodiversidad en la Tierra: proteger el 50% de la superficie del planeta, tanto terrestre como oceánica. La idea, que comenzó su andadura en círculos académicos y publicaciones especializadas, ha ido extendiéndose poco a poco y ahora cuenta con una legión de seguidores que afirman no sólo que es posible llevarla a cabo, sino que tal vez sea nuestra última oportunidad de salvar lo que todavía tenemos. 

Puede que el nombre de Edward O. Wilson no te suene, pero este hombre es, entre otras muchas cosas, el inventor del término "biodiversidad", del que seguro que sí has oído hablar. Y es que si Wilson hubiera decidido dedicarse a cualquier otra cosa, al fútbol, por ejemplo, y hubiera tenido el mismo éxito que ha tenido en su campo, ahora mismo hasta el último chaval del planeta conocería su nombre. Por fortuna (o por desgracia para los fanáticos del balón), a Wilson no le dio por los deportes, sino por las hormigas.

Ser el mayor experto mundial en hormigas, sin embargo, fue solo el primer hito en la carrera de este hombre. Y hablamos de una carrera muy larga (el próximo domingo cumplirá 89 años), en la que ha sido reconocido con los premios más prestigiosos en el mundo de las ciencias, así como con un par de Pulitzer. Incluso ha sido considerado uno de los 100 científicos más influyentes de la historia, cosa que rara vez ocurre en vida del personaje en cuestión.

Semejante trayectoria explica por qué cuando en 2016 publicó su libro Medio Planeta, el revuelo que se armó fue de los gordos. Una propuesta como esa, hecha por cualquier otro autor, se habría considerado poco menos que fantasiosa; pero el hecho de que viniera de un personaje de tanto prestigio hizo que la gente interesada en la materia se preguntase qué estaba pasando.

edward o wilson
Edward O. Wilson

Detener la Sexta Extinción

La propuesta, como decimos, consiste en convertir el 50% de la superficie del planeta, tanto terrestre como marina, en área protegida. No se trata de crear una sola zona de protección, sino miles de ellas. Algunas serían del tamaño del Amazonas o el Sahara, y otras tendrían la extensión de una ciudad. Lo importante es que todas ellas sumen al menos la mitad de la superficie de la Tierra y que abarquen la mayor diversidad biológica posible.

La cifra no es mero capricho. Existe una relación directa entre el tamaño del hábitat y el número de especies que habitan en ella. Una reducción del 90% en la extensión de cualquier entorno, por ejemplo, desemboca inevitablemente en la extinción de la mitad de las especies autóctonas. Es teniendo en cuenta esa curva especie/área como Wilson ha calculado que necesitamos proteger la mitad del planeta, y no menos. De hecho, dice, con ello solo lograríamos salvar al 85% de las especies. El otro 15% está condenado debido al increíble ritmo de extinción del que somos responsables.

huesos en el desierto

Y es que Wilson no duda de que nosotros somos los perpetradores de la Sexta Extinción Masiva, en la que andamos inmersos. Calcula que el ritmo de desaparición de especies se ha multiplicado por 100 respecto a tasas prehumanas y concluye que nuestro impacto puede acabar siendo, más pronto que tarde, similar al del meteorito Chicxulub, que acabó con el 76% de las especies hace 65 millones de años. Entre ellas todos los dinosaurios.

Evidentemente, proteger la mitad del planeta es un objetivo increíblemente ambicioso. En la actualidad tan solo goza de algún tipo de protección el 15% de la superficie terrestre y el 2,8% de la oceánica, así que queda muchísimo camino por recorrer. Pero según Wilson no caben medias tintas. Resulta que las especies están desapareciendo más rápido de lo que los científicos las descubren. Los modelos matemáticos indican que deben de quedar unos 6 millones de especies todavía por descubrir, y como no conocemos qué papel juegan en sus respectivos ecosistemas, tampoco somos capaces de predecir cómo va a afectar al conjunto su desaparición.

Un ejemplo claro es lo que sucedió en el Parque Nacional de Yellowstone después de que se reintrodujeran varias parejas de lobos en 1995. Se inició entonces una secuencia de cambios que fueron mucho más allá de lo que nadie había predicho, hasta el punto de que en pocos años cambió el curso de los ríos que atraviesan el parque. La experiencia sirvió para confirmar que las especies no sólo dependen del escenario, sino que ayudan a conformarlo. Predecir este mecanismo puede resultar más o menos sencillo cuando tomas como punto de partida a un gran mamífero como el lobo, ¿pero y si hablamos de una bacteria en particular?

Lucha contra el Antropoceno

Wilson admite sin ambages que realmente sabemos muy poco de la biodiversidad. Llevamos décadas investigando y clasificando especies y estudiando ecosistemas, pero todavía no somos capaces de formarnos una visión de conjunto. Apenas conocemos cómo interactúan todos los agentes entre sí y con el escenario. Por eso Wilson carga tan duramente en su libro contra los defensores del Antropoceno.

Los antropocenistas defienden que hay que abrir los ojos y admitir que vivimos en un planeta dominado por los humanos. Los más extremistas dentro de esta corriente, que se dice conservacionista, claman que debemos hacer esfuerzos por conservar únicamente aquello que nos sea de utilidad. Wilson se rebela contra esta idea y asegura que, incluso aunque la ocurrencia no fuera absurda, no podríamos decidir qué partes del sistema nos interesan, porque aún no sabemos cómo funciona el sistema.

ecosistema

Lo único que sabemos con seguridad es que se está desintegrando rápidamente, más rápidamente aún de lo que podemos estudiarlo. Y teniendo en cuenta que cada una de sus partes no solo interactúa con las demás, sino que influye en el aspecto físico del escenario, cabe preguntarse cómo será nuestro mundo cuando todas esas especies amenazadas hayan desaparecido. Si no empezamos a proteger más y más zonas de nuestro planeta, dice Wilson, tal vez no quede nadie para verlo.